Que las despedidas
son crueles, es algo discutible. Gotas de agua besaban con pasión el suelo
verde cuando una brisa helada corría por todo el estadio mientras una ola subía
y bajaba con saltos coordinados al ritmo de un himno de guerra; sin embargo,
todo era sudor, calor y suspenso, contraste entre el clima externo e interno.
El sello de un teatro que despidió de una forma no merecida a un arquetipo del
crecimiento de Venezuela tanto en fútbol como en país, el Doctor Richard Páez; aquella
noche terminó 5-3 sobre el mismo rival, con un Ricardo David cubierto de
injusticias, y una peste popular bajando desde la tribuna. Hoy la historia,
acabó igual con victoria, pero con un perfume representativo a toda nuestra
frontera, empacado en ilusión, con sello de satisfacción, se vende, el perfume:
Vinotinto, y es que… “Vinotinto Somos
todos”
- La perita era verde y amarga. ¿Quién dijo que Bolivia sería dulce? El 90% del partido se dedicaron a esperar en zona2. Les dio resultado, rompieron al equipo Vinotinto en 3 pedazos, tapaban las salidas y transformaban, rápidamente, jugadas defensivas en ofensivas.
- Julio Álvarez, a mi gusto, se encontró incomodo como volante central-mixto. En exceso vertical, de poca visión periférica, carente de pausa y dominio de los tiempos, sin conocimientos de cubrir marcas en zona2 y 1 del campo.




