El
cielo es color Vinotinto, 30 nubes enmarcan caras conocidas y cuando cae la
noche, las brillantes estrellas dibujan el rostro de Cesar Farías, con una luna
o un sol, según el momento del día, que engloba su cuerpo de trabajo, mientras
que una voz de autoridad, exclama en la distancia: “Vinotinto somos todos”.
Se
hace ahora tan lejanas esas primeras páginas en blanco y negro, con goleadas de
11-0, el polvo cubre las fotos y una sonrisa dibujan nuestros rostros cuando
tocamos las fotográficas actuales, en un álbum que aún tiene frescos recuerdos
de la era de Richard Páez.




